sábado, 9 de octubre de 2010

Si yo fuera Martín...

Una mañana cualquiera me asaltó una pregunta: Si Martín no es infeliz con su discapacidad, ¿por qué habremos de serlo Juan y yo? E hice el ejercicio mental y emocional de ponerme en el lugar del otro, de vivir en los zapatos de mi propio hijo y preguntarme: Si fuera yo la niña con discapacidad, ¿cómo me gustaría que me trataran mis padres? Y esto fue lo que me respondí:

Me gustaría sentir a mis padres tranquilos, felices y cómodos con mi situación de discapacidad; me encantaría tener la certeza de que yo hago parte fundamental de esa felicidad; me alegraría el corazón si me dijeran que me aman como soy y sentir que su amor no depende de mis avances o logros, que no me quieren cambiar ni que me exigen que sea o haga nada diferente a lo que soy y hago.

Sería una niña muy afortunada si me susurraran al oído que así como me ven, así como me expreso y así como soy, son inmensamente felices y que si hacemos terapias es sólo para darme la posibilidad de descubrir cosas nuevas y sorprenderme con mis capacidades; me encantaría que fueran capaces de ver mis potencialidades y no mis dificultades; dibujaría una inmensa sonrisa en mi rostro si no me etiquetan ni dejan que mi identidad como ser humano sea definida a partir de un diagnóstico médico o una condición neuronal; les regalaría una sonora carcajada o un incipiente balbuceo si me dejan vivir como niña y evitan que mis limitaciones marquen el ritmo de mis días.

¿Somos Juan y yo esos padres? No lo sé, pero tengo la certeza de que nos esforzamos a diario, y mucho, por serlo, por decirle a Martín que nos sentimos orgullosos de él, que nos hace inmensamente felices, que lo amamos tal y como él es, que lo único que esperamos de él es que sea feliz y que nuestras vidas ya no podrían ser sin su presencia. Y le agradecemos por habernos escogido como sus padres porque seguramente él no es el hijo que soñamos, pero sí el que necesitábamos para aprender a ser mejores seres humanos.

9 comentarios:

  1. severa entrada!! y claro q son excelentes como papá, mamá, amigos, seres humanos y en mi caso hermanos. Pikossss

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  2. Ay mi Javy, por eso es que te quiero tannntooo!!!!

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  3. Me hiciste chillar Caro.....
    Ustedes son excelentes padres porque han aprendido mucho con el regalo Martin!!!!!!Y eso es lo que importa!!!!
    Los quiero montones!
    Maira

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  4. hola mami : yo estoy dispuesta ahora a comenzar ese proceso en el cual ustedes ya empezaron, yo adoro a mi bebe como es, pero en el fondo de mi corazon debo empezar a ver la discapacidad de mi bebe con amor y no con dolor, ayudame en este proceso, tu mas que nadie sabes que no es facil, pero ya empece y espero salir avante y con tu apoyo y el de juan, se que lo lograremos, por mi niño, para cada dia amarlo mas. los amo .tu mama

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  5. Sí mami, lo importante es que ya iniciaste el proceso, yo sé que no es fácil, pero es fundamental que entendás que Martín es ante todo un niño feliz y que él es con su discapacidad. Yo sé que lo amás, ahora tenés que centrarte en superar el dolor y disfrutar plenamente de tu nieto. Te adoro.

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  6. Ay mi Maira, no sabés lo mucho que Martín me ha enseñado: él ha sido mi doctorado. Este ha sido un proceso difícil y doloroso, pero ahora por fin estamos en otra etapa: de aceptación, de disfrute, de aprendizajes diarios... Ya lo conocerás y te robará el corazón, jeje.

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  7. Estoy segura de que asi sera...Martin se roba el corazon con solo verle sus ojitos!!!!Creeme Caro..este aprendizaje de ustedes vale mas que miles de cosas aburridas como las que yo tengo que "aprender"..jajajajajja

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  8. Prima,

    como hija dejo un pensamiento en tu blog: ojalá todos los padres hicieran este ejercicio. Ojalá pueda hacer yo ese mismo ejercicio como hija hacia mis padres. Muchas veces me he sentido frustrada y en un túnel sin salida en la relación con mis padres, muchas veces he querido salir corriendo y dejar de sentirme juzgada por ellos, muchas veces he dudado de seguir mis intuiciones y mis deseos por el temor de su opinión y sobre todo de sus expectativas respecto a mi.
    Ahora, que en mi interior siento la llamada de la naturaleza y mi cuerpo y mi alma me invitan a ser madre, apenas ahora, estoy aprendiendo a amarles sin temerles, a amarles sin tener en cuenta las cosas que me hieren, teniendo en cuenta sus consejos y su amor pero no sus expectativas sino las mías. Gracias Caro, te adoro.

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  9. ¡Prima qué bonita reflexión! Se me aguó el ojo... Gracias por compartir estos pensamientos conmigo... Me sorprende y alegra que ya querás ser madre y te confieso que las expectativas ajenas, al lado de la culpa, son los sentimientos más difíciles de cargar. Por eso hay que deshacerse rápido de ellos. Y, como madre, realmente espero que mis hijos no sientan el peso de ninguno de los dos en sus vidas: ni de la culpa ni de mis expectativas. Creo que ese sería el mejor regalo que les podría dar. Ojalá nos reencontremos pronto, sería un muy bonito momento. Te adoro también.

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