lunes, 1 de noviembre de 2010



Es domingo. Llueve, situación que no es extraña en una ciudad como Bogotá. No podemos ir a los parques que tanto adoramos; tampoco a la ciclovía a comer salpicón y papas a la francesa (Lo siento, es la combinación fatal que le encanta a mis hijos); no es buena idea ir a un restaurante a las afueras de la ciudad porque, tal vez, el tráfico está imposible precisamente por el clima y porque es domingo. Así que decidimos ir a un Centro Comercial, así no sean santos de mi devoción.

Cuando uno tiene un hijo con discapacidad aprende a que cosas como desayunar, bañarlo y vestirlo sean actividades realmente rápidas, sin inconvenientes mayores, así tu hijo no te colabore mucho porque físicamente no puede. Esto ya no me genera ningún tipo de conflicto.

Listo. Ya los niños están en el carro y partimos rumbo al centro comercial, entramos al parqueadero y aquí sucede algo que TODAVÍA ME GENERA MUCHO CONFLICTO, tanto que amenaza con acabar con nuestro paseo dominical: los carros de las personas SIN DISCAPACIDAD ocupan los lugares destinados a los CARROS DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

Y la cosa no para ahí. En los ascensores van personas que, perfectamente, podrían subir o bajar por las escaleras eléctricas (¡Ni siquiera tienen que caminar!) A la entrada de cada ascensor hay un letrero inmenso que dice: Prioridad para personas con discapacidad, coches con niños, adultos mayores y mujeres embarazadas. Pero no hay caso, igual en los parqueaderos para personas con discapacidad hay letreros inmensos y hasta están pintados de azul para que sea fácil reconocerlos.

El problema no es de resaltar estos espacios y su utilidad, el real inconveniente es que a la  mayoría de las personas les importa muy poco respetar estos tipos de espacios y, por ende, demuestran poco o nada de respeto hacia nuestros hijos. Como mamá de un niño con discapacidad lo más difícil de mi cotidianidad no es la discapacidad de mi hijo, sino las barreras físicas y culturales que, en un país como Colombia, parecen insalvables.

Por eso acabo de imprimir muchas copias del letrero que ven arriba. Lo diseñó Giovanny, el webmaster de  la Página Discapacidad sin Fronteras. Giovanny GRACIAS. Ya tengo una forma de exorcizar la furia que me invade cada vez que alguien sin discapacidad invade los lugares de las personas con discapacidad. Y se los repartiré a todas las mamás de niños con discapacidad que conozco para que ellas también puedan exorcizar sus demonios.

Lo más importante de este tipo de iniciativas es que la gente se CONCIENTICE de la importancia de RESPETAR estos lugares que han sido destinados para hacernos la vida más fácil. En la EDUCACIÓN, definitivamente es en la educación donde encontraremos la clave para hacer de nuestra sociedad una inclusiva y respetuosa de la diferencia.

Y usted, ¿es de los que ocupa un lugar que no le corresponde? Si es así, probablemente la próxima vez encuentre un letrero como el de arriba en el parabrisas de su carro.


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