lunes, 7 de marzo de 2011

¿Otro hijo?

Juan y yo lo teníamos claro desde el principio: si decidíamos tener un hijo, tendríamos dos. Yo no quería criar hijo único, así que con esta idea en la cabeza nació Martín. Sin embargo, cuando ocurrió el accidente y Martín sufrió la lesión cerebral, la decisión de tener otro hijo se volvió difusa. Primero, por el tiempo que nos tomó hacer nuestro duelo y superar la etapa de frustración propia de esta situación; segundo, porque nuestras capacidades físicas, emocionales y económicas estaban rebasadas solamente con Martín, sus cuidados y rehabilitación; y tercero, por temor.

Y creo que fue esta última razón la que nos impedía tener otro hijo. ¿Temor a qué? Les explicaré cuál era mi miedo. Está claro que todos somos diferentes y socialmente esa diversidad debería ser respetada y valorada, pero no es así. Mi familia ya es bastante atípica: mi esposo tiene Diabetes Tipo 1 desde los seis años de edad y mi hijo tiene una lesión cerebral, así que de entrada Juan y yo sabíamos que si decidíamos tener otro hijo, ese niño o niña iba a criarse de una manera muy diferente a la de sus otros compañeros de colegio, básicamente porque la conformación de su familia era atípica. ¿Estábamos Juan y yo preparados para asumir este reto?

Y el otro miedo que me asaltaba era, obviamente, el parto. Finalmente, cuando Martín cumplió dos años de edad, me embaracé. Sí, Martín y Miguel se llevan exactamente dos años y nueve meses. Cuando algunas mamás me preguntan por la experiencia de tener un segundo hijo cuando el primero es un niño con discapacidad, no dudo en decirles que es una decisión muy acertada, pues creo que uno no se puede privar de esta experiencia por temor. Por supuesto que es más difícil y el cansancio es el pan de todos los días, pero las recompensas también son más grandes.

Por ejemplo, todas las terapeutas nos decían que un hermanito le ayudaría mucho a Martín, lo que nadie nos dijo era lo mucho que Martín le ayudaría a su hermano. Martín adora a Miguel y lo sé porque cuando él se le acerca, esboza una amplia sonrisa y grita. Pero indudablemente el que más ha ganado en esta relación es Miguel y esto es algo que incluso me lo han dicho sus profesoras: él es un niño amoroso, respetuoso y solidario. Miguel ha "normalizado" la discapacidad no sólo de su hermano, sino cualquier situación de discapacidad, y por eso es un niño que a sus tres años de edad ya tiene interiorizado que todos somos diferentes y que cada uno tiene su propio ritmo.

Juan y yo decidimos que era fundamental que Miguel conociera y compartiera con otros niños con discapacidad, por eso lo llevamos dos veces por semana al Taller Terapéutico de Martín para que comparta con otros niños, se dé cuenta de que su hermano no es el único que vive una situación de discapacidad y aprenda a jugar y compartir respetando las diferencias que nos hacen a cada uno tan especial.

Así que, para no hacer más largo este post, les puedo decir que nuestra experiencia con un segundo hijo ha sido simplemente maravillosa. El vínculo existente entre mis dos hijos los definirá  como seres humanos para el resto de sus vidas. Martín se siente profundamente amado y respetado y él, a su vez, marcará el carácter de Miguel y hará con él lo que hizo con nosotros: lo ayudará a convertirse en un mejor ser humano.

6 comentarios:

  1. Gracias por compartir esta experiencia Caro....que bueno que tener una familia este resultando una experiencia tan rica (en riqueza y en ricura...como dirian nuestros amigos mexicanos).
    Un abrazote

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  2. Ay los mexicanitos, cómo los extraño!!! Sí, ha sido una súper experiencia, uno termina encontrando la felicidad donde NUNCA creyó que estuviera, jejeje, eso es lo bonito de la vida. Besos amiga.

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  3. Sigo tu blog hace poco, y te agradezco que compartas tus experiencias con todos nosotros. Mi hijo con parálisis cerebral tiene 2 años y mi marido y yo hemos estado posponiendo la búsqueda del "hermanito". Aunque decimos que no, estoy segura que lo que nos detiene es el MIEDO que bien describes en este post. Me encantó leer la perspectiva que das, la del lado de tu hijo Miguel. Con experiencias como la tuya, espero poco a poco ir tomando la decisión d agregar un miembro mas a la familia, que en mi caso también siempre la he pensado de 4.

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  4. Hola Fer:
    ¡Claro que uno se muere del susto! Pero vale la pena, en serio que sí. Dense un tiempito y verán que esos fantasmas poco a poco se irán diluyendo, mucha suerte y ojalá el cuarto miembro de la familia llegue pronto.

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  5. Precioso post!!! Ojalá todos los niños del mundo tuvieran la oportunidad que tiene Miguel de compartir con naturalidad con personas diferentes... sin duda, su hermano lo hará ser una mejor persona.
    Un abrazo.

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  6. Si Natalia, creo que en la Inclusión educativa y social ganan todos, tanto los niños con discapacidad como los que no tienen una discapacidad. De las diferencias aprendemos todos, nos enriquecemos y definitivamente nos convertimos en mejores seres humanos.

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