lunes, 11 de abril de 2011

En días como hoy...

Sí, hoy amanecí optimista, tranquila y feliz. Observo al mundo y el mundo me devuelve una sonrisa. Mi día está teñido de azul  y naranja, mis colores preferidos. Curiosamente a Martín le queda muy bien el naranja y Miguel adora el azul. Así que aprovecho mi buena disposición y escribo, otro de mis placeres terrenales.

Soy una mujer que disfruta de los placeres simples: trotar, comer una buena pasta con vino, caminar descalza, ver un rojizo atardecer o simplemente observar cómo mis hijos y Baruc juegan. No soy muy exigente para pasarla bien. Y es que esa es mi búsqueda: simplificarme la vida y, de paso, simplificársela a mi familia.

Y aprovecho los días como hoy para grabarme este propósito en la piel, así mañana cuando me encuentre con algún insensato que se enoja porque le pido que se baje del ascensor y use las escaleras mecánicas para que Martín (en su coche) y yo podamos llegar al quinto piso, podré abstenerme de saltarle a la yugular y morderlo; o podré sonreír en vez de gritar cuando alguna señora mire con lástima o ignore a mi hijo; o lograré no morirme de la ira al encontrar todos los parqueaderos para personas con discapacidad ocupados por gente que no los necesita; o (soñar no cuesta nada) dejaré de sentir frustración cuando no encuentre espacios de recreación y educación adecuados para Martín.

Sí, lo confieso, a veces nuestra cotidianidad  es muy difícil, pero no por la discapacidad misma de Martín, sino por lo discapacitante que pueden llegar a ser los demás con sus actitudes y formas de pensar.

Así que aprovecho que hoy veo el mundo azul y naranja para tatuarme en la memoria que puedo simplificar mi vida y hacérselo todo más fácil a mi familia, así muchos no colaboren y otros tanto ni se enteren de las consecuencias de sus actos (como ocupar un parqueadero que no les corresponde)

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