martes, 24 de mayo de 2011

Buscando a Nemo

Me encanta la película "Buscando a Nemo" Para mí es toda una filosofía de vida enseñada de la forma más elemental y sencilla. Está llena de enseñanzas dignas de analizar: vivir el ahora y el presente como Dori, superar el miedo a la pérdida y el temor a los riesgos, la confianza en sí mismo que Nemo tiene que adquirir para que su discapacidad física (su aleta feliz) deje de ser una excusa para no experimentar la vida plenamente, la amistad, la actitud optimista y retadora de Dori frente a los desafíos y las nuevas experiencias... 

Pero en la enseñanza que me quiero detener es en la que nos da Marlín, el papá de Nemo. Él nos sirve de espejo para analizar el temor y la angustia que sentimos algunos padres de que le ocurra algo a nuestros hijos o de perderlos.  

La mayoría de papás tendemos a sobreproteger a nuestros hijos, pero si éstos tienen alguna dificultad, discapacidad o han estado en riesgo vital, este sentimiento o actitud se vuelve peor. A mí me pasa. Sé que aún sobreprotejo a Martín, sé que me cuesta mucho delegar las labores que tienen que ver con él y que confío a pocas personas su cuidado. 

También soy consciente de que, como Marlín, he recorrido un largo camino en el que he ido aprendiendo a confiar en las capacidades de mi hijo, a controlar el temor a que esté de nuevo en riesgo vital, ya soy capaz de dejarlo al cuidado de otros, de tener mis espacios sin angustias, de dejarlo dormir en su propia cama y habitación... pero me cuesta. Es una lucha casi que diaria.

Martín tuvo un reflujo muy fuerte durante los primeros años de vida y a veces le vuelve a molestar, no con la intensidad de antes, pero sí han ocurrido un par de episodios en los que vomita repentinamente en mitad de la noche. Así como otras mamás viven con el miedo a que sus hijos vuelvan a convulsionar, yo vivo con el temor a que mi hijo vomite en medio de la noche, broncoaspire y se ahogue.

Ayer, por ejemplo, casi no dormí. Me desperté cada dos horas para revisar si Martín dormía bien, si no había vomitado, si respiraba bien... Uno cree que ha superado estos temores (¿o traumas?), que son cosa del pasado, pero de un momento a otro reaparecen sin razón alguna, sólo se instalan de nuevo en mi corazón y tengo que luchar para volver a desterrarlos. 

Entonces recuerdo a Marlín, respiro profundamente y hago mi mejor intento para que estos miedos desaparezcan, pues no se vale asfixiar a Martín protegiéndolo más de la cuenta, ni se vale vivir angustiada y temerosa. Si Marlín pudo vencer a tres tiburones, sobrevivir a las medusas, salir del estómago de una ballena y aprender a confiar en Nemo y en la vida, pues ya podré hacer lo propio con mis miedos.

Y para que no se me olviden estas valiosas enseñanzas, cuando suena mi celular la melodía que se escucha es Dori cantándole a Marlín "Si la vida te derrota qué hay que hacer... Nadaremos, nadaremos, en el mar, el mar, el mar" Y la vida me vuelve a sonreír.

3 comentarios:

  1. Probando probando!!! Yo quiero seguir comentando el blog de Martin!!! Besitos a todos, los quiero.

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  2. Jajajaja, gracias amiga, parece que todo vuelve a la normalidad. Besossss.

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