jueves, 30 de junio de 2011

Cuando la Violencia Discapacita

Estoy convencida que en el conflicto armado colombiano todos perdemos, aquí no hay ganadores. Los orígenes de las situaciones de violencia que vivimos a diario son muy complejos y necesitaríamos algo más que un par de Post para explicarlos. Pero definitivamente las desigualdades sociales, el abuso del poder, la corrupción, la ausencia del Estado en muchas zonas del país y la pésima distribución de las riquezas, son algunos de los motivos que iniciaron y mantienen el conflicto armado, la violencia y la inseguridad en mi país. 

Esto no es ninguna novedad. Lo que desconocen muchos es que miles de colombianos han quedado en situación de discapacidad como consecuencia de la violencia en la que vivimos. Soldados, guerrilleros, campesinos y niños que pisan accidentalmente una mina antipersonal y pierden sus piernas, brazos, la visión o la audición. 

La problemática en nuestro país es tal que, después de Afganistán, somos el país con mayor número de nuevas víctimas en el mundo: en el año 2010 tuvimos 512 víctimas de minas antipersonales; desde 1990 hasta febrero de 2011 han sido 9 mil 133 los colombianos afectados; este año, ya van 71 personas (Ver Revista Gobierno  y Corporación Matamoros)

Pero no sólo esa violencia, la del conflicto armado en zonas rurales, está dejando con alguna discapacidad a miles de colombianos. En las ciudades por robarles el dinero, el celular o los zapatos, les pegan un tiro y los dejan parapléjicos o tretrapléjicos como le sucedió al ex director técnico de fútbol Luis Fernando Montoya  en el año 2004.

Tal vez me equivoque, pero creo que si uno queda en una situación de discapacidad a una edad en la que ya se tienen recuerdos de cómo se siente correr, caminar, comer por sí solo, ver una película, etc. es mucho más difícil y complejo el proceso de duelo y más si esa discapacidad ha sido producto de un acto violento. 

Martín nunca ha caminado, ni sabe qué se siente nadar por sí solo o correr en el parque con su hermanito, por eso no puede extrañar realizar estas actividades, pues no las ha conocido; no se puede extrañar lo que no se conoce o no se ha experimentado. Sé que el duelo por la discapacidad de Martín lo hemos hecho Juan y yo, ya llegará el momento en que mi hijo tenga que hacer el propio cuando tenga consciencia de lo que aún no puede hacer.

Pero si a los 20 años te pegan un tiro o pisás una mina antipersonal y como consecuencia de este acto violento no podés volver a caminar, sospecho que los niveles de rabia y frustración son mucho mayores y más difíciles de manejar.

Por eso siento una profunda admiración cuando me encuentro historias de vida como la del "Profe Montoya", quien publicó un libro o la de Marlon Corrales (Vean el video al final del Post), quien hace parte de una compañía caleña de Ballet.

Hombres que me recuerdan que sí se puede, que vale la pena soñar, que hay que seguir creyendo a pesar de, que los límites los colocamos nosotros, que es mejor apostarle a la vida y gracias a ellos puedo susurrar mientras me baño: "Sí se puede y lo vamos a lograr"





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