miércoles, 5 de octubre de 2011

¿Qué nos piden los niños con discapacidad?

Con Martín comprendí lo que sabía racionalmente y había leído en tantos libros, pero no había interiorizado: la felicidad no se trata de tener sólo buenos momentos, se encuentra cuando uno decide cómo afrontar la vida sin importar que los eventos sean afortunados o desafortunados. Cuando supe el diagnóstico de Martín, cuando etiquetaron a mi hijo como un niño con discapacidad, supe que lo podía afrontar como una tragedia o luchar por ser feliz con las condiciones dadas.

Gracias a Martín, comprendí que lo que nos piden a gritos los niños con discapacidad es que cambiemos nuestro modo de pensar, nuestra actitud frente a la diferencia, que dejemos a un lado nuestros prejuicios; nos retan a que dejemos de sentirnos incómodos frente a la diversidad y que aceptemos de una buena vez que existen miles de formas para relacionarnos con la realidad y para construir vínculos. 

Nos exigen que tengamos la intención de incluirlos, de hacerlos parte de nuestro mundo a pesar y precisamente por sus diferencias; nos piden que aprendamos a que la comunicación no es sólo verbal, sino que pasa por distintos niveles: una mirada, el movimiento del cuerpo, una sonrisa. Nos piden que dejemos la ignorancia a un lado y nos interesemos por conocer su realidad, que es la misma que la nuestra, pero experimentada desde otro punto de vista. 

Nos piden que nos pongamos en su lugar, que tratemos de vivir el mundo, el mismo que compartimos, desde su situación. Y es que definitivamente lo que más discapacita no es la lesión cerebral o el retraso cognitivo o motor, lo que más discapacita somos nosotros, nuestras actitudes, los límites que nosotros les ponemos, nuestros miedos y prejuicios. Nos exigen que les demos un lugar en el mundo y que los dejemos de valorar a partir de sus dificultades y empecemos a resaltar sus potencialidades.

2 comentarios:

  1. Amén! Lo único que me procupa es que lo piden de forma tan sutil que los menos sensibles no pueden escucharlos. Por eso es que somos nosotras las llamadas a hablar por ellos, a poner el tema sobre la mesa, a enseñar, a conversar, a quitar los tabúes, los mitos y la ignorancia que el temor a lo diferente ha generado en nuestra sociedad.

    Un abrazo.

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