Cuando la vida no sale como se tenía planeada, uno aprende a sacudirse las expectativas de encima y es cuando empezás a ver la vida que tenés enfrente; no la que creíste que iba a ser la mejor para vos, sino la que realmente es y que, sorpresivamente, te convierte en una persona tranquila, amada y feliz. Después de muchos años de oscuridad, un buen día dejé de esperar las circunstancias perfectas y me di cuenta de que con lo que yo era, tenía y sentía perfectamente podía vivir plena. Y lo intenté.
Existen ciclos y momentos para cada cosa, sólo hay que aprender a distinguirlos. Este es el momento de cambiar y abrazar la incertidumbre. Me cansé de correr, de neurotizarme más de lo acostumbrado con el tiempo porque cuando tenés que cumplir horarios y el día te tiene que alcanzar para las terapias de tu hijo, el trabajo, las actividades, rutinas y demandas, vivís agotada y sin energías para nada diferente a cumplir con las exigencias y metas que te has autoimpuesto.
Esto no quiere decir que le dejaré de hacer terapias a Martín, o que acumularé menos horas de ABR, o que ya no llevaré a Miguel a natación o clases de aprestamiento musical. No, significa que lo haremos, pero a otro ritmo, en otros espacios más tranquilos y en circunstancias más amables que las actuales.
Nos vamos de Bogotá. Adoro esta ciudad de trancones monumentales, helados amaneceres e indiferencias ambulantes, pero Juan y yo queremos ofrecerle a nuestros hijos otra forma de vida, una donde la salud esté primero (la de Juan principalmente, que la ha tenido tan descuidada por trabajar como un loco), donde haya tiempo para disfrutarnos y para descansar.
Nos vamos para Cali, bueno, regresamos a Cali después de nueve años de estar por fuera. Estamos en el proceso de buscar casa (ojalá una campestre con mucho verde alrededor), colegio para Miguel y un sitio de terapias para Martín; empezamos a empacar y a despedirnos. Estamos muy contentos, además porque mis hijos tendrán a sus abuelos y a la familia cerca.
Sin embargo, es una difícil despedida. En esta ciudad dejamos a gente que amamos y nos aman, personas que ocupan un lugar muy especial en nuestros corazones y en nuestra familia. Obviamente, esperamos seguir en contacto y no romper estos lazos tan importantes para nosotros. Los mantendré informados, pero ya saben, si me pierdo un poco es porque, probablemente, estoy empacando, embalando y botando ¡Adoro las mudanzas y los cambios!