martes, 31 de enero de 2012

Retazos del Amazonas

Hoy se me hincha el pecho de orgullo. A Juli, mi prima, mi hermanita del alma, le acaban de publicar su primera crónica en la revista Cardus, titulado Retazos del Amazonas.

Juli tiene la habilidad de captar la esencia de los lugares (y de las personas) y plasmarla en palabras. Su sensibilidad le permite transportarnos a mundos exóticos y hacernos sentir como si, efectivamente, hubiéramos estado ahí. Ella se fija en detalles que pasan desapercibidos para la mayoría de personas y ahí reside el secreto de su escritura. 

Les recomiendo el texto y de paso visiten su Blog, que es más de cuentos cortos, pero igualmente maravilloso:

sábado, 28 de enero de 2012

Todo lo demás tiene solución

"Cuando la muerte es inminente, no queda más remedio que contar y reivindicar la vida"
Tomás González

Cuando nos enfrentamos a la muerte, comprendemos que todo lo demás tiene solución. Suena obvio, pero olvidamos fácilmente que la muerte le da un sentido a estar vivos y ese sentido que le damos depende sólo de nosotros.

Dos circunstancias me han hecho pensar en este asunto los últimos días. La primera: una pareja de amigos de mi prima están en la clínica con su hija de 2 años y medio en la Unidad de Cuidados Intensivos. La nena estaba sana, tuvo un ataque de asma y se complicó. Lleva dos semanas entubada y luchando por vivir. La segunda situación: la prima de mi esposo llevaba un año y medio de casada (no supera los 30 años), está embarazada y su esposo acaba de fallecer de un paro cardíaco.

Ambas situaciones son supremamente dolorosas, difíciles y extremas. Ambas exigen, de quienes la viven, una gran fortaleza para superarlas y aceptarlas. La Carolina de antes, debo confesarlo, se levantaba todas las mañanas y buscaba un motivo para preocuparse, para estresarse, para apurar el paso y para vivir "complicada", por decir lo menos. La discapacidad de Martín me enseñó a ver, sentir y vivir mi mundo desde otra perspectiva: una más agradecida, amorosa y consciente. Y estas dos situaciones que les relato me recuerdan que mientras amanezcamos vivos, sanos y rodeados de las personas que amamos, todo lo demás tiene solución.

domingo, 22 de enero de 2012

La Curiosidad

Estoy acostada en mi hamaca, escuchando el croar de las ranas, son las 8 de la noche y llueve. Leo un libro y de repente me asalta una pregunta "¿Qué me motivó a volver a trabajar?" Y la respuesta inmediata, para mi sorpresa, fue "Curiosidad". No ignoro que necesitábamos el dinero, ni que llevaba siete años sin trabajar tiempo completo en mi profesión y ya sentía que era el momento de retomar mi vida laboral, pero lo que realmente me motivó a decir que sí fue la curiosidad. 

Curiosidad por saber si me seguía apasionando lo que estudié (comunicación social); curiosidad por seguir aprendiendo; por saber cómo se sentiría y comportaría la Carolina que ahora soy; curiosidad por descubrir si seguía siendo buena en lo que hacía y en lo que me había formado con tanto esmero; curiosidad por enterarme si podía ser mamá, esposa y comunicadora al tiempo (y no morir en el intento); pero sobretodo, curiosidad por recuperarme, por volver a sentir que hacía algo para mí misma por gusto, porque sí, sin sentimientos de culpa ni remordimientos.

Con sorpresa me doy cuenta que soy mejor mamá y esposa cuando hago algo por mí y para mí, cuando recupero mis espacios y me preocupo por mi bienestar. Sé que no es fácil hacerlo y más cuando nuestros hijos demandan tanto de nosotras, pero es necesario si queremos enseñarles a ser unas personas felices, equilibradas y emocionalmente sanas. Si nos ven bien, si nos ven felices, ellos también lo serán y aprenderán que no es egoísta procurarse espacios de soledad y de crecimiento personal. La curiosidad no mató al gato o por lo menos no en esta historia.

jueves, 19 de enero de 2012

En busca de...

¿Cómo se logra el equilibrio? Y específicamente, ¿cómo se logra el equilibrio entre el ámbito laboral y el rol de mamá? Escucho sugerencias por favor. Por eso ando tan perdida: volví a ejercer mi profesión. Les recuerdo que soy comunicadora social y ando muy, pero muy encarretada (traducción: apasionada) con mi nuevo trabajo que es en una empresa de consultoría en comunicación, mercadeo y responsabilidad social.

Me estoy adaptando, aprendiendo como loca, haciendo mi mejor esfuerzo por equilibrar mi día a día entre todas las actividades pendientes y sorprendiéndome por los maravillosos cambios que se están dando en nuestras vidas. Escribir en el Blog es una de esas actividades a la que le tengo que sacar tiempo; lo haré, prometido, pero por ahora necesito ordenar mi tiempo y mi cabeza. 

Bueno, ya lo saben, no los he olvidado, antes, por el contrario, me hace mucha falta escribirles y leerlos, sólo que ahora mis energías están puestas en mi nuevo trabajo. El fin de semana nos desatrasamos. Un abrazo para todos.

jueves, 12 de enero de 2012

INDIGNADA

"La Secretaría de Educación explicó que John Esteban no es un "niño educable", por la cantidad de enfermedades que presenta y que por eso el caso debe estudiarlo Integración Social, que cuenta con los centros Crecer, pero hasta ahora ninguna entidad se ha comprometido a atenderlo y mientras tanto su familia ha tenido que asumir su educación".

¿Alguien me puede explicar qué significa ser un "niño educable"? ¿Por ser un niño con discapacidad, los miles de John Esteban que existen no merecen ser educados como sus pares? Acepto que en Colombia estamos en pañales en aquello de la inclusión, pero esto se pasa de la raya: una institución del Estado refiriéndose a un niño con discapacidad como "no educable". 

Al final adjunto la noticia que la publicó el diario El Tiempo, pero para resumirles la historia: John Esteban tiene seis años, su familia no tiene recursos económicos y lo han rechazado de todos los colegios públicos de Bogotá por su discapacidad. 

Ni los colegios públicos (ni para qué mencionar a los privados), ni el Estado ni la sociedad han asumido el compromiso y la responsabilidad que tienen de incluir a nuestros hijos en todos los ámbitos. La pregunta no es hasta cuándo, sino por qué: por qué seguimos construyendo una sociedad excluyente, indiferente e intolerante frente a la diferencia. 

John Esteban por lo menos camina y sostiene un lápiz entre sus dedos, ¿qué dirá la Secretaría de Educación de Martín que no se mueve por sí solo? ¿Que no es un niño educable ni sociable y que tampoco tiene un lugar en esta comunidad? Perdónenme la expresión, pero estoy furiosa: ¡Tienen mucho guevo! Les dejo el enlace para que lean el artículo completo:


lunes, 9 de enero de 2012

Enero familiar

Miguel aprendió a nadar y no hay quién lo saque de la piscina.
Sí señores, DOS niños y MUCHOS adultos visitando el Zoológico de Cali.
Y el guía era...
Hasta Ágata y Baruc empezaron bien el 2012.
¡Mi princesa!

martes, 3 de enero de 2012

¿Cuándo deja de doler?

Una amiga de camino, otra mamá de una preciosa niña con discapacidad, me hizo una de esas preguntas que calan los huesos: "¿Cuándo deja de doler? ¿Cuándo dejaste de llorar al hablar de Martín?" Me quedé muda. No lo sé. No sé en qué momento sucedió, pero pasó. Esta pregunta me acompañó el último mes y apenas hasta ahora logro esbozar algo parecido a una respuesta:

Me atrevo a afirmar que el dolor nunca desaparece, pero sí se transforma. Un ejemplo: acabo de darle la comida a Martín (alimentarlo es de las pocas cosas que aún me parecen difíciles en la cotidianidad de Martín) y comenzó a llorar. Sabía que era un llanto de dolor, pero nunca supe qué le dolía: las amígdalas podían ser, o el reflujo era otra opción, o se mordió y le dolió era la otra posibilidad. Sentí impotencia, dolor y frustración, pensé "Mierda, va a cumplir siete años y aún hay momentos en que no sé qué le duele a mi hijo" ¿Me hago entender?

No soy insensible frente a lo que la discapacidad de Martín no nos permite disfrutar, pero me concentro en lo que sí podemos hacer y nos hace felices; no puedo controlar la situación, pero sí mis sentimientos y mi actitud frente a la discapacidad de mi hijo.

Mi dolor se transformó y dejó de fastidiarme cuando no me lo tomé personal, cuando dejé de pensar y sentir que la discapacidad de Martín me había pasado a mí, que había sido una agresión de la Vida o de Dios contra mi felicidad y la de mi familia, lo superé cuando logré ver lo feliz que era Martín a nuestro lado... Nos ocurrió a nosotros como le ha pasado a miles de familias más y, al igual que muchas de ellas, lo superamos. Es cierto que hemos atravesado un camino difícil, pero lleno de valiosos aprendizajes. 

Estoy segura de que en algún momento mi amiga dejará de llorar al hablar de su hija, así como lo hice yo y como lo han hecho miles de mamás al comprender, desde el corazón, que no existen las condiciones ideales para la "felicidad". Existen las condiciones que tenemos y con esas hay que aprender a vivir plenas y tranquilas.