martes, 3 de enero de 2012

¿Cuándo deja de doler?

Una amiga de camino, otra mamá de una preciosa niña con discapacidad, me hizo una de esas preguntas que calan los huesos: "¿Cuándo deja de doler? ¿Cuándo dejaste de llorar al hablar de Martín?" Me quedé muda. No lo sé. No sé en qué momento sucedió, pero pasó. Esta pregunta me acompañó el último mes y apenas hasta ahora logro esbozar algo parecido a una respuesta:

Me atrevo a afirmar que el dolor nunca desaparece, pero sí se transforma. Un ejemplo: acabo de darle la comida a Martín (alimentarlo es de las pocas cosas que aún me parecen difíciles en la cotidianidad de Martín) y comenzó a llorar. Sabía que era un llanto de dolor, pero nunca supe qué le dolía: las amígdalas podían ser, o el reflujo era otra opción, o se mordió y le dolió era la otra posibilidad. Sentí impotencia, dolor y frustración, pensé "Mierda, va a cumplir siete años y aún hay momentos en que no sé qué le duele a mi hijo" ¿Me hago entender?

No soy insensible frente a lo que la discapacidad de Martín no nos permite disfrutar, pero me concentro en lo que sí podemos hacer y nos hace felices; no puedo controlar la situación, pero sí mis sentimientos y mi actitud frente a la discapacidad de mi hijo.

Mi dolor se transformó y dejó de fastidiarme cuando no me lo tomé personal, cuando dejé de pensar y sentir que la discapacidad de Martín me había pasado a mí, que había sido una agresión de la Vida o de Dios contra mi felicidad y la de mi familia, lo superé cuando logré ver lo feliz que era Martín a nuestro lado... Nos ocurrió a nosotros como le ha pasado a miles de familias más y, al igual que muchas de ellas, lo superamos. Es cierto que hemos atravesado un camino difícil, pero lleno de valiosos aprendizajes. 

Estoy segura de que en algún momento mi amiga dejará de llorar al hablar de su hija, así como lo hice yo y como lo han hecho miles de mamás al comprender, desde el corazón, que no existen las condiciones ideales para la "felicidad". Existen las condiciones que tenemos y con esas hay que aprender a vivir plenas y tranquilas.

7 comentarios:

  1. Como siempre, tienes las palabras precisas para el tema preciso.

    Yo pienso que deja de doler, tal como dices, cuando comprendes que lo que ocurrió no fue que la vida se ensañó contigo, sino que te mandó un hijo diferente al que esperabas y que es tan disfrutable y amable como otros hijos.

    Lo que, personalmente, no deja de doler, es el dolor de mi hijo. El deseo de dejar de ser un niño con una discapacidad de Cristóbal a mí me duele. Pero es un dolor en paz, no un dolor punzante, lleno de culpa y tormento como al principio. Es un dolor que puedo compartir con él, y eso lo hace sentir acompañado, estoy segura de eso.

    Tal vez nunca dejará de haber un dejo de sufrimiento en todo esto, pero sí se puede alcanzar la calma y tranquilidad que te permiten ser feliz y hacer felices a tus hijos. Al final del día, eso es lo importante ¿cierto?

    Dale un abrazo muy grande de mi parte a tu amiga y dile que se tenga paciencia. Todo llega, al algunos antes y a otros más tarde, pero la calma llegará. El camino es difícil, pero siempre se llega a la meta.

    Un abrazo para ti y otro muy fuerte para ella.

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  2. Wao! que buen texto Caro. Feliz Año!

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  3. Hola Natalia:

    Perdón, estaba atrasada en contestar, el nuevo año me ha cogido atareada, pero bien. Si, creo que el dolor se transforma y vos lo has vivido por partida triple, así que sabés muy bien a qué me refiero!!!!

    "Tenerse paciencia" es algo que mencionás en tu comentario y que casi nunca hacemos, somos muy autoexigentes y nos damos muy duro, por qué será? Bueno, lo importante es eso, ser pacientes y tratarnos con amor. Besos.

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  4. Feliz año Carolina. Cuando deja de doler.... particularmente lo que más me duele es cuando te cierran puertas y las explicaciones son tan crueles como quien las da. En si la discapacidad se transita con la sabiduría que da Dios y el tiempo. Aun hoy en día a los 14 de mi Sebas adivinar qué hay detrás de su llanto es difícil y se ha convertido en un ejercicio de reconocimiento (dependiendo el volumen, la intensidad, expresión corporal, etc.) pero sobre todo la intuición que todas con el tiempo vamos perfeccionando. un abrazo.

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  5. Hola Ángela:

    Lo dicho, lo que más duele no es tanto la discapacidad de nuestros hijos (que claro que duele), sino la discriminación de la gente "normal" Es una dura batalla de educación y sensibilización, pero la vamos a seguir dando. Otro abrazo para vos.

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  6. Caro....siempre me mantengo al tanto de tu vida al igual q la de tu hermosa familia...Creo q no deja de doler....solo que aprendemos a transformar ese sentimiento de dolor en fuerza para luchar y sacar a nuestro hijo(a) adelante,,,,a mi me pasa....aun tengo dias en que las lagrimas simplemente brotan de mis ojos y a medida que decienden por mis mejillas me pregunto...Por que estoy llorando??? no me duele nada, estoy feliz con mi vida, tengo mi esposo, tengo mis hijos...pero me doy cuenta que es eso,el dolor q brota,q me recuerda q aun duele solo q dia a dia...con cada uno de los pequenos logros pero que para nosotras son inmensos, lo vamos poniendo en ese cajon guardadito en lo mas profundo que se puede....pero q de repente...brota...y receurdas que aun duele...
    Te quiero montones Carito....dale un beso a Martin de parte nuestra y dile q Esteban es y sera su gran amigo....

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  7. Hola Ángela:

    Sí amiga, hay días en que la tristeza vuelve, eso nadie lo puede negar, pero también es cierto que cada vez son más los días buenos. Esteban es un niño maravilloso y cuenta con una familia extraordinaria que lo ama incondicionalmente. Han sido muy afortunados, todos. Besos y ojalá nos veamos pronto.

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