domingo, 5 de febrero de 2012

Bogotá, 2600 metros más cerca de las estrellas - Cali, la sucursal del cielo

Bogotá huele a dulce, un olor que te congela por dentro y duele. Cali huele a verde, a campo, un olor caliente que te sofoca y te hace sudar. Y en medio estoy yo: mi experiencia en ambas ciudades ha sido alucinante. No puedo afirmar que una es mejor vividero que la otra; son diferentes y en esas diferencias (bien lo sabemos las madres de niños con discapacidad) cabe un mundo entero. 

Bogotá fue el lugar ideal para el momento de vida que estaba experimentando: fue la cómplice perfecta para aislarme en mi dolor por Martín y revolcarme en mi culpa. Toqué fondo en esta ciudad y lo hice de la única forma que lo sé hacer: sola e intensamente. Aunque este dolor no tenía un referente posible en mi vida, simplemente fue lo más desgarrador que había sentido. 

La soledad de Bogotá me permitió vivir mi duelo en plenitud, sin escatimar lágrimas. Ahora sé que gracias a esos dos años de oscuridad, puedo afirmar categóricamente sin miedo a equivocarme, sin asomo de dolor y sin que se me quiebre la voz, que Martín es perfecto tal y como él es. En Bogotá también empecé a reconstruirme, a recoger los pedazos, a tratar de comprender en qué me había transformado. Y nuevamente la soledad fue clave para hacerlo bien, sin presiones y a mi ritmo. 

Cali llegó en el momento preciso: cuando ya podía abrirme a la vida, a la familia, a los amigos; cuando ya la discapacidad de Martín no dolía ni incomodaba; cuando ya la culpa no me señalaba a diario; cuando me era posible disfrutar, agradecer y no dar nada por sentado. Ahora tienen sentido las palabras que alguna vez escuché: "Dios no nos da lo que pedimos, sino lo que necesitamos para convertirnos en mejores seres humanos".

Cali llegó cuando tenía que llegar, ni antes ni después, y todo se ha dado de la mejor manera posible: fluyendo sin presiones y enseñándome, una vez más, que soltar en vez de controlar será siempre la mejor forma de vivir.

2 comentarios:

  1. La vida nos pone todo tipo de situaciones que nos obligan a demostrarnos a nosotros mismos lo capaces que somos de encontrar la manera de brillar. Vos brillas prima, la familia hermosa que tenés brilla de ese resplendor que sólo la felicidad destila. te quiero.
    Juli:)

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  2. ¡Qué estremecedor! Los lugares nos marcan etapas... A ver si pones fotos de ambas ciudades para poder conocerlas... Nunca he ido a Colombia, me encantaría...

    Un beso!

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