miércoles, 22 de agosto de 2012

Sobre el parto en el agua y en casa

Había decidido guardar silencio porque estoy convencida de que cada quien hace su propio proceso y atesora sus propios aprendizajes, pero no puedo hacerme a un lado e ignorar mi cuota de responsabilidad en el tema.

Este fin de semana salió un artículo completo acerca del parto en el agua y en casa en la Revista Nueva (el artículo se titula El parto en casa está IN) y el médico invitado para hablar del tema fue Mauricio Espinoza, el mismo ginecólogo que atendió el parto de Martín en Bogotá.

Como recordarán, Martín nació en nuestra casa y en parto en el agua. Y como lo he explicado en este blog, su lesión cerebral es consecuencia de un parto mal atendido, un accidente que ocurre incluso en las clínicas, pero que no por eso debe ocultarse ni darle menor importancia de la que tiene.

A Mauricio no lo menciono en ninguna parte en este Blog hasta el día de hoy, precisamente porque considero que la discapacidad de Martín fue resultado de un accidente y no estoy de acuerdo en culpar a nadie, pero me molesta que sea el mismo Mauricio el que esté negando que este accidente ocurrió: durante sus charlas cuando le preguntan si él ha tenido algún tipo de emergencia, responde que no. Y lo sé porque me lo contó una amiga que asistió a su conferencia y lo escuchó. En el artículo tampoco se mencionan los riesgos, sólo los beneficios y atractivos de esta alternativa de parto.

Como comunicadora y mamá, abogo porque una opción como lo es el parto en el agua y en la casa, se muestre desde todas las perspectivas posibles, dándoles elementos a las familias para que elijan la opción que más los convenza y considero que Mauricio está sesgando esa posibilidad al negar lo ocurrido con mi hijo.

Me preocupa aún más que por haber atendido a una actriz colombiana famosa (Verónica Orozco) esta posibilidad se  "ponga de moda" sin que las familias comprendan que también existen riesgos que les puede cambiar la vida.

Hasta ahora había decidido quedarme callada, pero considero que también es mi responsabilidad hablar sobre lo ocurrido y visibilizarlo para que las familias tengan el panorama completo y puedan elegir, teniendo las herramientas necesarias para hacerlo y tomando las medidas indispensables para que sea una opción segura.

Si me lo preguntan, considero que es una buena opción, si se toman todas las medidas necesarias para evitar complicaciones y riesgos innecesarios. Es una experiencia íntima, familiar y cálida. A mí me fue mal con esta alternativa y por obvias razones no la volvería a tomar. Lo que no me parece apropiado es que Mauricio oculte información cuando lo que debería hacer es llamar a las cosas por su nombre, hablar abiertamente del tema, aceptar y asumir que se equivocó y garantizarle a sus pacientes las mejores condiciones posibles para que accidentes como el de Martín no se vuelvan a repetir.

martes, 14 de agosto de 2012

Cambios + Crisis = Oportunidades de Crecimiento

Los últimos meses han sido muy exigentes emocionalmente hablando, principalmente porque empecé a vislumbrar situaciones y circunstancias que no había querido proyectar. Sospecho que por eso mismo mis mensajes en este Blog han sido menos periódicos: necesitaba tiempo y espacio para digerir y comprender lo que estaba sintiendo.

La situación que detonó mi crisis fue mi constante dolor de espalda. Al preguntarme qué me pasaba, la respuesta obvia saltó a la vista: Martín está creciendo, pesa más y me cuesta más trabajo movilizarlo y levantarlo yo sola.

Esto unido a que tenía expectativas diferentes cuando Martín cumpliera sus 7 años de edad (los cumplió en febrero). Sí, esperaba que estuviera un poco más independiente en algunas funciones como sentarse solo sin apoyo o que usara en alguna medida sus manos, pero nada de esto ha ocurrido y enfrentarme a esta nueva realidad me llevó a hacerme preguntas que no me había querido plantear: ¿Hasta cuándo podré bañarlo yo sola?, ¿hasta cuándo podré levantarlo sin ayuda?, ¿será que ya llegó a su punto máximo de rehabilitación?, ¿valdrá la pena reanudar nuestra agenda de terapias?...

Tener expectativas frente a la rehabilitación de nuestros hijos es normal, lo doloroso viene cuando éstas no se cumplen y se abre camino la depresión y la desesperanza. Pero si algo me ha enseñado Martín, es a no tenerle miedo al dolor, a lo inesperado ni mucho menos a los cambios: nos ayudan a crecer, a avanzar y a fortalecernos si sabemos capitalizarlos.

¿Qué sigue? Creo que lo más sensato es empezar a afrontar este panorama con una actitud propositiva: ¿Qué cambios tenemos que incluir para hacer que la cotidianidad de todos sea más fácil? Detalles tan sencillos como pedir ayuda para levantarlo, bañarlo en compañía o hacer paseos cortos que no le impliquen grandes movilizaciones.

Eso por un lado, pero por el otro tengo el firme propósito de reanudar mi "proyecto de vida" desde que nació Martín: seguirle ofreciendo todas las herramientas posibles para que, cada día, mejore su calidad de vida. 

¿Hasta dónde llegará Martín en su rehabilitación? No lo sé y creo que este año ha sido la peor crisis motivacional en este sentido... Duele, duele mucho cuando uno ve que casi todo para su hijo implica un gran esfuerzo, incluso las actividades más cotidianas y aparentemente sencillas (comer, moverse, la digestión, estar sentado), pero si Martín se ve feliz y es capaz de regalarnos grandes sonrisas a diario, no seré yo la que tire la toalla. Así que deséenme mucha suerte, vuelvo a ver el horizonte despejado y el cielo muy, pero muy azul.

viernes, 10 de agosto de 2012

Historias marinas - Segunda entrega

Y como no todo puede ser acerca de discapacidad y Martín, los invito a seguir leyendo las historias de mi amiga periodista, Catalina Gayá:


"15.00 horas: Primera llamada. El hermano de Ali ya le ha consignado los 450 euros en una oficina de Western Union, en Izmir. A esa hora, nos vamos a todo correr a una sucursal de dicha compañía en Ceuta. Entramos como dos almas demasiado atareadas para guardar las formas. El hombre de la oficina primero se extraña; luego no puede creer la historia que vive Ali. “¿Aquí en Ceuta pasa esto?”, pregunta, pese a que la oficina está en el mismo puerto, y nos deja utilizar su ordenador para consultar internet.

En Ceuta, los cafés internet no son muy comunes y aunque parezca raro, cerca del puerto no hay ninguno. Queremos ver cuánto cuesta un billete a Estambul: unos 800 euros. A los tres nos parece caro y el mismo oficinista se pone a buscar un billete para encontrar alguna oferta. No aparece en toda la red. Son 800 euros o quedarse en tierra y perder el curso. Ali habla con su hermano. Le comprará el billete como también ya le ha depositado los 450 euros que le exige la consignataria".