lunes, 29 de julio de 2013

Los World Games 2013 en Cali


Su capacidad de asombro y esa inmensa alegría que cala los huesos, esas son las dos características que más me encantan de los caleños. Nací en esta ciudad, así que para mí es cotidiano encontrarme con gente relajada, amigable, informal, entusiasta, apasionada... 

Pero cuando la mirada de los extranjeros de 107 países del mundo coinciden en afirmar que los ha sorprendido esa calidez de nosotros... Bueno, la dimensión de lo cotidiano cambia abruptamente.

Si de algo estoy segura es que estos deportistas no se habían encontrado en ningún lugar del mundo en donde han competido, con gente que los tratara como los han tratado aquí en Cali: como si fueran de la familia, como viejos amigos, con esa cercanía y familiaridad que los tiene desconcertados.

Me encanta saber que cada uno de esos deportistas y sus respectivas delegaciones, serán embajadores de Cali y Colombia ante el mundo: mostrarán la otra cara, la que no se hace visible en los medios, una en la que somos más que narcotráfico y violencia, una en la que la calidez de nuestra gente, su amabilidad y simpatía rompen con todos los esquemas y estereotipos. ¡Gracias World Games! Gracias por la oportunidad de mostrarnos como lo que somos la mayoría en Colombia, gente buena, comprometida, alegre y trabajadora. ¡Feliz semana!

Una nota de prensa que refleja lo dicho: 

miércoles, 24 de julio de 2013

Mamás dejen a sus niños preguntar...

Ni a Martín ni a mí nos gustan las multitudes, así que ir a un centro comercial un sábado en la tarde es un plan casi siempre descartado de la agenda familiar (a menos que sea para ir a cine). Pero a Juan lo enloquece, así que de vez en cuando lo hacemos.

Sin embargo, debo aceptar que el último paseo que hicimos a un centro comercial lo disfruté muchísimo. Se me acercaron dos niños, una niña de 6 años y un niño de 8, a preguntarme por Martín. Apenas las mamás los vieron, trataron de detenerlos, pero les dije que estaba bien, que no había problema en que preguntaran y les expliqué por qué: si los niños preguntan y los adultos respondemos con toda la naturalidad del caso, aprenderán a afrontar la discapacidad como algo cotidiano, se darán cuenta de que no hay que temer a lo diferente y aprenderán a respetar y a vivir entre diferentes.

Fue una conversación muy divertida en la que ellos hacían preguntas básicas como por qué Martín no caminaba, ni hablaba, ni los miraba, y yo les expliqué que tenía una discapacidad y cómo había ocurrido. La curiosidad de los niños me encanta, su espontaneidad y la manera tan simple que tienen de preguntar por lo que no entienden. Las miradas de lástima e incomodidad de las mamás se fueron convirtiendo en miradas curiosas, como las de sus hijos, hasta que ellas también comprendieron que, a pesar de su discapacidad, Martín es tan sólo un niño más.

martes, 9 de julio de 2013

"Las partículas elementales"



Juan me lo recomendó... Y, por supuesto, lo leí. Reafirmé lo que sospechaba: prefiero ver el mundo con lentes "rosas", así en mi armario el color esté totalmente ausente. No me malinterpreten, es un escritor brillante, el problema es que me gusta creer en la felicidad como posibilidad de existencia, pero Michel Houellebecq aniquila cualquier vestigio de ésta.

Su texto es una crítica mordaz y desencarnada del mundo moderno, una mirada vertiginosa y cruel, muy cruel, pero certera. ¿Que si lo recomiendo? ¡Por supuesto! Pero si "Un mundo feliz" de Aldous Huxley les pareció difícil de digerir, pues prepárense, este tipo descuartiza cualquier posibilidad de redención.

Por mi parte, es claro que estoy "incapacitada" para soportar el dolor ajeno, sospecho que por eso ya no tolero los finales tristes de las películas o los desamores y desencuentros de los libros. Quiero volver a creer que existe algo de felicidad y prosperidad en algún rincón, así sea en el ocupado por la ficción. 

jueves, 4 de julio de 2013

A mis Primas...

Son hermanas del alma con las que comparto los más felices recuerdos de la infancia. 
Mujeres que conocen mis más íntimos secretos y me han acompañado en mis más profundos abismos.
A mis primas las quiero porque sí, porque son como son y me aceptan como soy. 
Porque me quieren bien y me acompañan sin juicios.
Sus sonrisas me recuerdan de dónde vengo y, sin importar la distancia y los años, siempre, siempre me siento en casa cuando las abrazo.
¡Ah! y me recuerdan lo incondicional que puede llegar a ser ese lazo de hermandad que nos ha unido durante tres décadas.