jueves, 19 de septiembre de 2013

Los silencios...

A veces el silencio es la mejor respuesta o simplemente la única que tenemos por entregar... Y creo que eso me ha pasado durante las últimas semanas. Silencios para comprender lo que sucedía, silencios para afrontar lo inevitable, silencios para continuar con esta transformación interna tan necesaria pero tan difícil. 

Hace un mes aproximadamente mi abuelo se puso muy mal y afrontar esos días de incertidumbre ha sido de los momentos más duros que he vivido últimamente. Se recuperó y ahora anda tan campante por la vida como si nada lo agobiara, así lo agobie. En los momentos difíciles todo se pone a prueba y con lo que me quedé fue con un profundo agradecimiento por tener la familia que tengo, una unida, que se quiere y que se apoya.

Mi tarea ha sido tratar de asumir la muerte con más tranquilidad, dado lo inevitable de este momento, más nos vale aprender a vivirla como lo que es, sin sufrimientos de por medio y de la forma más amorosa posible. 

Estoy en la búsqueda de nuevos intereses profesionales. También cambié mi forma de alimentación y ahora voy más liviana por la vida, ¡muchos cambios a la vez! Así que ando reconociéndome en estas nuevas rutinas, disfrutándolas y experimentado nuevas prioridades.

Mi psicóloga me trae marchando, mirando para adentro todo el tiempo y revolucionándome tanto como le es posible. Ya saben, mis silencios no son fortuitos, simplemente son la única respuesta posible en momentos en que todo está patas arriba, lo que es bueno, a veces necesitamos perdernos para encontrar otros caminos más interesantes.

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