miércoles, 20 de noviembre de 2013

La confitería

"Periodista de profesión y pastelera por vocación. Las dos cosas que se hacer bien son escribir y cocinar, y afortunadamente combinan. Soy lo que podría llamarse una sibarita colectiva, pues no concibo el placer de la buena mesa sin una compañía que se le compare. Me enloquecen los dulces en todas sus formas, pero sobre todo aquellos que tocan la memoria, esos que me hacen recordar los días cuando la felicidad se podía comer a cucharadas".

Así presenta su blog Vero Arboleda, prima de mi esposo, pero, sobretodo, una compañera de camino, de esas que siempre van a tu lado en silencio y siguiéndote el paso, casi desapercibidas, pero que apenas las necesitas están allí para darte la palabra certera y el aliento necesario para seguir adelante.

¡Vero bienvenida a la bloggósfera! Seguro te divertirás, aprenderás y conocerás gente maravillosa... Los invito a visitar su blog y disfrutar de sus apuntes:

miércoles, 13 de noviembre de 2013

El proyecto de reforma a la salud colombiana.

La Reforma a la Salud vista por el periodista Juan Gossaín, un trabajo periodístico serio, con mucha investigación de por medio y con reflexiones que deberían impulsarnos a la movilización. A los colombianos debería preocuparnos que este tipo de reformas estén a punto de aprobarse en el Congreso. 


Algunos puntos a resaltar para que se antojen y lean:

1. Primera contradicción: se dice que las EPS desaparecerán por sus sonados casos de corrupción, pero eso es mentira. Las EPS seguirán mandando, pues podrán convertirse en gestoras de salud y no sólo ordenar cómo debe gastarse el dinero, sino ayudar al "recaudo". Es decir, que continuará manejado los recursos de los usuarios y robando, sólo que ahora tendrán un nuevo nombre.

2.  Los recursos del sistema de salud son considerados de naturaleza pública, lo cual permite que la autoridad de control fiscal pueda investigar y enjuiciar a quienes hagan uso indebido de ellos. SaludMía reemplazará al Fosyga, pero apenas el dinero salga de SaludMía se convertirá en dinero privado, es decir, que entes de control como la Contraloría no podrán adelantar procesos por corrupción como lo viene haciendo ahora porque son dineros privados y no públicos. El dinero de los usuarios quedará por fuera del control fiscal. El sistema de salud colombiano mueve 44 billones de pesos al año, si así no más se roban la plata, ¿se imaginan sin ningún tipo de control?

3. La salud dejará de ser un servicio público "esencial", el adjetivo "esencial" implica que este servicio está relacionado con un derecho fundamental, es decir, un derecho consagrado en la Constitución Nacional. Un derecho intocable. Para proteger esos derechos, los ciudadanos acudimos a la tutela. Acudíamos, porque con la nueva reforma la salud será solo un servicio público simple, común y corriente, como la recolección de basuras. Al quitarle la palabra “esencial”, la salud deja de ser un derecho constitucional y la gente no podrá entutelar. 

Suena bastante mal ¿no cierto? Bueno, anímense a leer el reportaje completo, estar informados es el primer paso para actuar. La información nos abre a un mundo de posibilidades y una de ellas es la acción, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros para evitar que estos proyectos se aprueben? Escucho sugerencias.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Mamás con discapacidad

Una anécdota muy significativa en esta etapa que vivo y que ahora recuerdo, es que hace un par de años cuando me deprimía y estaba fuera de casa, doña María, la abuela putativa de Martín, me llamaba al teléfono y me preguntaba "Carolina ¿está aburrida o ha llorado?". Asustada y creyéndola bruja, la indagaba y ella respondía "Porque Martín está insoportable, no para de llorar". Así estamos de conectados mi hijo y yo. Pero una cosa es estar conectados y otra, muy distinta, ocupar su lugar y convertirme en una mamá con discapacidad.

Esta simbiosis o fusión la agradezco y era necesario vivirla, pero en este momento le estoy poniendo punto final. En Bogotá mi mundo giraba alrededor de Martín y su rehabilitación, fue una parte del proceso que me permitió conocerlo, aceptarlo, amarlo y sentirme tranquila al tener la certeza que hice lo humanamente posible para que tuviera una mejor calidad de vida. 

Al regresar a Cali, después de seis años, retomé una parte de mi vida que había dejado en paréntesis: volví a trabajar, rescaté mis espacios, Juan y yo tuvimos más momentos de pareja, y descubrí otras actividades con Miguel, mi segundo hijo.  

Ahora soy la mamá de Martín. No soy su terapeuta, chofer, enfermera, maestra, médico y salvadora. Simplemente soy su mamá, eso significa que él tiene sus espacios de aprendizaje y terapias con especialistas, mientras yo tengo mis espacios para vivir la vida de la forma como puedo vivirla: sin discapacidad. 

Suena raro, ¿no cierto? Pero es que con el tiempo nos convertimos en mamás con discapacidad: mamás incapaces de viajar a conocer otros maravillosos lugares si nuestros hijos no pueden hacerlo, mujeres que no llevamos a cabo actividades en las que nuestros hijos con discapacidad no puedan acompañarnos, nos negamos a vivir experiencias o relaciones que no incluyan a nuestros hijos... De esta forma, empezamos a escribir una larga lista de todo aquello que nuestros hijos no pueden disfrutar por su discapacidad y que nosotras tampoco nos damos la oportunidad de vivirlas porque nos sentimos culpables de hacerlo sin ellos.

Ahora la tarea es sentir que delegar no es igual a abandonar. Ahora la misión es dejar de ocupar el lugar de mi hijo: él tiene una discapacidad severa, yo no; él no puede realizar ni disfrutar de ciertas actividades y momentos de la vida, yo sí; la discapacidad no define su ser, pero sí limita la forma como percibe y vive la realidad; mi mundo fue transformado por su discapacidad, me hizo un mejor ser humano, pero mi obligación es vivir aprovechando al máximo todas mis facultades y eso implica vivir relaciones y experiencias que no involucran a Martín.

No se imaginan lo difícil que ha sido comprender e interiorizar lo que acabo de compartirles. Este Post ha sido uno de los más complejos de escribir por todo lo que implica: una separación. Y todas las separaciones son difíciles y dolorosas. Esta separación, en particular, implica comprender, aceptar e interiorizar que Martín es mi hijo, pero que su discapacidad nos ubica en lugares distintos para afrontar la vida y yo no puedo seguir ocupando el lugar desde el que él asume su realidad.