lunes, 6 de octubre de 2014

Mario Ernesto y Gerónimo Ángel

Dos historias de vida, dos seres diferentes que no encajan en lo "normal", en lo establecido, en eso que es aprobado como correcto por la mayoría. Ambos estigmatizados o excluidos por motivos que reflejan nuestra gran ignorancia y fracaso como sociedad.

¿Qué tipo de seres humanos estamos formando? ¿Qué tipo de sociedad alentamos a diario con nuestras acciones? Porque me cuesta creer que seamos señalados en las redes sociales por ser únicos, que el sistema de pensión nos excluya por nuestras condiciones físicas, ¿ésta es la Colombia en la que quiero que mis hijos crezcan? No, definitivamente no.

Por eso es tan importante insistir, usar los espacios virtuales como herramientas educativas, como la posibilidad de visibilizar estas otras perspectivas de la vida que nos enseñan a valorar lo diferente, a aceptarla y enriquecernos con y desde la diferencia.

Jóvenes talentosos que rompen el molde como Gerónimo o valientes como Mario que se atreven a desafiar, durante toda una vida, los designios fatídicos de su condición de discapacidad. Son estas personas, sus valores y tenacidad, las que deberían convertirse en modelos a seguir.

¿Que si Gerónimo es afeminado? Eso no debería opacar sus talentos y ni siquiera ser motivo de discusión ¿Que si Mario se ha valido toda la vida por sí mismo? Eso no debería ser una excusa para no garantizarle una buena calidad de vida en momentos en que se está viendo diezmada su salud.

¿Qué hacemos cada uno de nosotros para que estas historias no se repitan hasta el cansancio? ¿Cómo reaccionamos cuando nos encontramos en el centro comercial con un joven afeminado o una persona con discapacidad severa? ¿Estamos conscientes de que esas reacciones las imitarán nuestros hijos? ¿Qué les decimos a ellos acerca de ser diferentes? ¿Condenamos y señalamos, o educamos y valoramos?

Pueden leer las historias completas en:

La Historia de Mario

La sociedad de los trinos suicidas

jueves, 2 de octubre de 2014

300 días y 300 noches...

Diez meses, 300 días sin escribir, tiempo en el que las palabras estuvieron esquivas, las ideas eran difíciles de concretar y los sentimientos no se dejaban verbalizar.

Hay momentos en que sólo el silencio nos permite reconstruirnos, ir hacia dentro, en este eterno e inacabable ciclo de vida-muerte, de soltar, dejar ir y volver a iniciar con lo que queda. Ha sido y sigue siendo un camino largo de introspección, de descubrimientos y procesos que, en algunas etapas, exigen silencio y soledad. Bueno, o por lo menos así los vivo yo. Si algo me caracteriza es que "sé administrar muy bien mi soledad" y acudo a ella, por el tiempo que sea necesario, cada vez que siento que necesito recargarme, tomar un nuevo aliento, enfrentar mis monstruos (domarlos o mimarlos, dado el caso) y cambiar el rumbo.

Hoy por fin, después de casi 300 días sin poderlo hacer, las palabras se aglutinan en mi garganta y me exigen que las escriba.

Me hicieron falta, cada uno de ustedes son parte de esta comunidad virtual en la que nos apoyamos, contradecimos, enriquecemos, nos reconocemos y compartimos una partecita de nuestra vida, hacemos visible un momento, un instante, una corazonada o simplemente una opinión.


Estamos bien. Martín ha crecido mucho, sigue siendo el mismo joven feliz, amoroso y entusiasta de la vida. Lo acaban de operar de una hernia inguinal bilateral y reaccionó muy bien, mejor de lo que esperábamos. En pocas semanas le haremos un encefalograma, pues está convulsionando, una no tan buena noticia, pero ya veremos qué pasa, un día a la vez.

Miguel ya entró al colegio grande y está feliz, aprendió a patinar y ¡oh sorpresa! le encanta y es talentoso. Es un niño que disfruta de todo lo que hace y nos regala momentos de risa incontenible como cuando lo escuché hablando con Dios: "Diocito por favor recuérdale a mi mamá las cosas importantes como enviarme el termo de agua al colegio, hoy casi me muero de sed en deportes".

Así de fácil debería ser para los adultos darnos cuenta de las "cosas importantes", esas sencillas y cotidianas que nos hacen feliz como volver a escribir en este espacio, ¡anhelo volverlos a leer!