miércoles, 12 de abril de 2017


El 2016 ha sido el año más difícil de nuestra vida familiar. Fue el año en el que le ayudamos a Martín a morir dignamente.

En diciembre de 2015 nos mudamos a Stuart, un pequeño pueblo en el centro del estado de Florida en Estados Unidos. Al mes de estar viviendo acá, Martín se desestabilizó y estuvo en cuidados intensivos durante una semana. Tuvo un desorden electrolítico, el sodio alto, sus riñones ya no funcionaban bien y sufrió una neumonía atípica. Los médicos nos explicaron que nuestro hijo se estaba deteriorando rápidamente y que no había nada que pudieran hacer para revertirlo. Tal vez alimentarlo por sonda, tal vez entubarlo, eso no cambiaría su desenlace, pero podría alargar un poco su estadía entre nosotros. Juan y yo decidimos ofrecerle una muerte digna, sin intervenciones de ningún tipo, sin medidas heroicas.

Fue muy doloroso verlo deteriorarse poco a poco. Nos sentimos impotentes por no poder evitarlo, pero entendimos que, así como nos habíamos esforzado durante casi 12 años por ofrecerle a nuestro hijo todo el amor posible y las herramientas necesarias para su rehabilitación, ahora era el momento de dejarlo ir.

Durante este proceso me centré en Martín, en mi esposo y en mi otro hijo. Nos centramos en lo importante, acompañamos a Martín con todo el amor y el agradecimiento posibles. Nuestro hijo falleció el pasado 24 de diciembre antes de las 4 de la tarde. Nos gusta pensar que escogió esa fecha como despedida para regalarnos un nuevo nacimiento y un nuevo inicio como familia.

Acabo de leer varios mensajes de madres angustiadas, de otras pidiendo más información, de padres buscando respuestas.... A cada uno de ellos quiero ofrecerles disculpas por haber abandonado durante tanto tiempo este espacio. Trataré, en algún momento, de darle respuesta a cada una de sus inquietudes.

No sé si éste sea el momento de retomar el Blog. No he dejado de escribir, lo hice durante todo el proceso de despedida de Martín, pero no he publicado nada de lo escrito. No sé cuándo lo haré. Ahora estamos viviendo nuestro duelo. Han pasado 3 meses y medio, y la ausencia de Martín se siente con mucha fuerza.

Sabemos que él está bien. Somos mejores seres humanos gracias a Martín. Nuestro hijo tenía 11 años y 10 meses en el momento de morirse. Se puede pensar que vivió poco, pero nosotros sentimos que fueron muchos años de aprendizaje, amor, dolor, incertidumbres, pérdidas, transformaciones... Martín sigue entre nosotros, siempre hará parte de nuestra familia y siempre será nuestro hijo mayor. Un ser maravilloso que nos cambió la forma de ver el mundo, que nos regaló la oportunidad de crecer y enfrentar nuestras sombras.

Gracias a todos por sus comentarios, por su apoyo, por compartir, por estar.








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